No tengo trabajo, pero… ¿Sabéis que sí tengo? TIEMPO
Cada cierto tiempo me pasa: me paro, pienso más de 3 minutos y me agobio. Y entro en una espiral de la que solo me saca detener todo lo que está pasando por mi cabeza. Miro el móvil y trato de olvidarme de lo que más me preocupa en estos tiempos: qué quiero.
Pero hoy no ha sido así. Hoy no he parado los sentimientos. Hoy los he dejado fluir de manera inconsciente, después de un ‘no’ (otro). Y he llegado a una conclusión que creo que ya sabía de hace tiempo pero que siempre intento dejar de lado. No estoy haciendo lo que quiero hacer. Mi cerebro me está saboteando y haciendo que me vaya por el camino ‘sencillo’ (muuuuuy entre comillas).
Lo peor (o lo mejor): tengo 27 años. Es ahora. No puedo dejar que siga pasando el tiempo. No puedo dejar que la vida me lleve. No puedo dejar que lo que de niña un día soñé, nunca se cumpla. He tenido muchos sueños. Los tengo. Pero no puedo evitar que todo me arrolle y olvidarme de ellos. O sí.
El día hoy ha empezado pronto. A las ocho y media de la mañana, más o menos. A esa hora ha sonado la alarma. Estoy en paro: nada que hacer. O eso quería mi cerebro pensar, porque era el preestreno de la película Aida y vuelta. Tenía muchas ganas de verla, pero… ¿Tenía más ganas de no hacer nada? Yo no lo creo, pero mi cerebro sí.
Al final me he levantado motivada por ver a Paco León, que al final no ha venido. Pero al menos me ha hecho levantarme, por lo que ya ha hecho mucho por mí hoy. Al acabar, un coloquio con tres de los actores de la película. Su consejo a quienes empiezan (ha sido en la universidad): trabajar mucho para hacer lo que te gusta. Seguir tus instintos y tus motivaciones y no perder las ganas de crear.
Un consejo que en mí no ha provocado más que un nudo en la garganta y lágrimas. Y lo he visto claro: yo nací para estar detrás del escenario, o encima. Pero no sentada en una oficina.
También he pensado que solo hago que ponerme las cosas más difíciles, pero nadie dijo que fuera a ser fácil.
Hasta ahora todo me ha venido rodado: hice la carrera, después el máster, las prácticas, un contrato y otro y otro. Hasta que eso se ha acabado y he llegado a la incertidumbre habitual de la profesión. Igual había tenido mucha suerte, y esa suerte se ha acabado. O a lo mejor ese no es mi sitio. O simplemente no valgo para esto. No sé por qué será, el tema es que estoy parada y lo que es peor, bloqueada.
Sin embargo, no todo es malo. Toda esta reflexión me ha llevado a una frase que hace unos días se me vino a la mente: “No tengo trabajo, pero… ¿Sabéis que sí tengo? TIEMPO”. Siempre me quejo de que me faltan horas, de que me gustaría hacer muchas más cosas de las que hago, y ahora que tengo todo eso que necesitaba, es el momento de aprovecharlo.
Obstáculo: el dinero. Pero se puede hacer mucho sin dinero. O con poco dinero. O ajustándose más de otro sitio. Lo que sea, pero es el momento.
Y todo este sermón para autoconvencerme y dejar plasmadas en unas líneas las motivaciones que un simple preestreno de una película en la universidad ha provocado en mí.

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